Descubre Saint-Tropez: glamour, historia y Mediterráneo en estado puro

Saint-Tropez es mucho más que yates de lujo y noches interminables. Descubre Saint-Tropez como lo que realmente es: un antiguo pueblo marinero convertido en mito de la Costa Azul, donde conviven la memoria de un mártir romano, la huella de artistas y escritores, el eco de Brigitte Bardot y un Mediterráneo que sigue oliendo a sal, pino y jazmín.

Descubre Saint-Tropez

Saint-Tropez se encuentra en el departamento de Var, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, a medio camino entre Niza y Marsella. Ocupa apenas 15 km² y tiene menos de 4.000 habitantes, pero recibe millones de visitantes al año. Pese a su fama mundial, sigue siendo, en esencia, un pequeño casco antiguo de calles empedradas, una citadela que mira al mar y un puerto donde amarran tanto llaüts de pesca como superyates.

Un poco de historia: del mártir Torpes al mito moderno

Para descubrir Saint-Tropez de verdad conviene empezar por su historia, que es sorprendentemente rica para un lugar tan pequeño.

De Athenopolis a Sant Tropetz

En época antigua, la zona ya estaba habitada. Los foceos, procedentes de Jonia, fundaron Massilia (Marsella) en el siglo VI a. C. y establecieron enclaves costeros a lo largo del litoral. Plinio el Viejo menciona un lugar llamado Athenopolis, ligado a los massilianos, que se situaría en el entorno del actual golfo de Saint-Tropez.

Más tarde llegarían los romanos, que urbanizaron la zona y construyeron villas costeras de gran riqueza, como la Villa des Platanes. El golfo era conocido como sinus Sambracitanus y en la península se situaba la localidad de Heraclea-Caccabaria (hoy Cavalaire-sur-Mer).

El origen del nombre: San Torpes de Pisa

El nombre de Saint-Tropez procede de Torpes, oficial romano bajo el emperador Nerón. Según la tradición:

  • Se convirtió al cristianismo por influencia de san Pablo.
  • Nerón, furioso, ordenó su decapitación en Pisa en el año 68.
  • Su cuerpo fue colocado en una barca, junto a un perro y un gallo, y abandonado a la deriva.
  • Las corrientes ligures llevaron la barca hasta la costa de la actual Saint-Tropez, donde los animales, milagrosamente, no tocaron el cuerpo.

Este relato mítico dio origen al culto de san Torpes y a la futura villa de Sant Tropetz (en occitano/provenzal), de donde deriva el nombre actual.

Piratas, sarracenos y repoblación genovesa

Tras la caída del Imperio romano, la costa sufrió siglos de inestabilidad:

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  • Entre los siglos IX y X, piratas y corsarios saquean el litoral de forma casi continua.
  • De 890 a 972, la zona se convierte en colonia árabe-musulmana, dominada desde el enclave de Fraxinet (La Garde-Freinet).
  • En 972, los musulmanes capturan y retienen por rescate al abad Maïeul de Cluny, un episodio famoso en la historia local.

En 976, Guillermo I, conde de Provenza, inicia la reconquista del territorio, y en 980 levanta una torre defensiva donde hoy se alza la torre Suffren.

El renacimiento real de Saint-Tropez llega en el siglo XV:

  • En 1436, el llamado “buen rey René” intenta repoblar Provenza.
  • Se crea la baronía de Grimaud y se negocia con el noble genovés Raphaël de Garezzio.
  • El 14 de febrero de 1470, Jean de Cossa (barón de Grimaud) firma un acuerdo que permite a 21–60 familias genovesas asentarse en un pueblo arrasado y casi desierto.

A cambio, los genoveses:

  • Reconstruyen murallas y torres defensivas.
  • Se encargan de la seguridad marítima y terrestre.
  • Obtienen exención de impuestos y privilegios reservados normalmente a los señores.

El 19 de julio de 1479 se firma el Acte de l’Habitation, considerada la carta de renacimiento de Saint-Tropez.

Saint-Tropez, pequeña república marinera

Durante los siglos XVI y XVII, Saint-Tropez se convierte en una especie de pequeña república:

  • Se administra mediante dos cónsules y 12 consejeros elegidos.
  • Mantiene su propia milicia y pequeña flota.
  • Resiste ataques de turcos y españoles y auxilia a otras poblaciones (Fréjus, Antibes, islas de Lérins).

Un episodio clave fue la defensa frente a una flota española el 15 de junio de 1637. La victoria se conmemora todavía en la fiesta de Les Bravades des Espagnols, una mezcla de celebración religiosa y militar donde desfilan cofradías, fusileros con trajes tradicionales, tambores y estandartes.

Otra anécdota notable es la llegada de la embajada japonesa liderada por el samurái Hasekura Tsunenaga, que hizo escala forzosa en Saint-Tropez en 1615 camino de Roma. Probablemente fue el primer contacto directo entre franceses y japoneses.

La fidelidad de la ciudad a la monarquía francesa se resume en su lema:

Ad usque fidelis – “Fiel hasta el final”.

De puerto militar y pueblo pesquero a refugio de artistas

Hasta principios del siglo XX, Saint-Tropez sigue siendo sobre todo:

  • Fortaleza costera estratégica (con su citadela del siglo XVII).
  • Puerto de pesca y construcción naval (fragatas como La Reine des Anges en 1860).

Durante el siglo XIX, sin embargo, el paisaje y la luz del golfo empiezan a atraer a pintores y escritores:

  • El puntillista Paul Signac se instala en 1892 y adquiere la villa La Hune.
  • Le siguen artistas como Matisse y Bonnard.
  • La escritora Colette y, más tarde, Françoise Sagan, encuentran también aquí inspiración.

Signac impulsa lo que será el actual Musée de l’Annonciade, instalado en una antigua capilla del siglo XVI, donde se exponen obras fauvistas, nabi y puntillistas que retratan el puerto y los paisajes tropezianos.

La Segunda Guerra Mundial y el Desembarco de Provenza

El 15 de agosto de 1944, Saint-Tropez se convierte en uno de los puntos de desembarco de la Operación Dragoon, la invasión aliada del sur de Francia:

  • Tropas estadounidenses, británicas y, sobre todo, coloniales francesas, desembarcan en la costa de Var.
  • Saint-Tropez es una de las primeras ciudades de la zona en ser liberada.

Aunque este desembarco es mucho menos conocido que el de Normandía, fue crucial para liberar rápidamente Provenza y abrir un nuevo frente contra la Alemania nazi.

Hoy, diferentes monumentos y placas recuerdan este episodio, como el Mémorial du Débarquement de Provence y diversas inscripciones en el paseo marítimo.

Brigitte Bardot y la invención del mito moderno

Si quieres descubrir Saint-Tropez tal y como lo imagina medio planeta —sol, sensualidad y libertad—, tienes que entender el papel de Brigitte Bardot.

“Y Dios creó a la mujer”: la película que lo cambió todo

En 1956, el director Roger Vadim rueda en Saint-Tropez y en la cercana playa de Pampelonne la película Et Dieu… créa la femme (Y Dios creó a la mujer), protagonizada por una jovencísima Brigitte Bardot.

  • Muchos exteriores se filman en el barrio de La Ponche (casco antiguo) y en la arena de Pampelonne.
  • Para el rodaje se monta una modesta cantina en la playa, que se convertirá, poco después, en el mítico Club 55.

La película es un éxito internacional y, de la noche a la mañana:

  • Lanza al estrellato a Bardot, icono de sensualidad y emancipación femenina.
  • Proyecta la imagen de Saint-Tropez como paraíso hedonista, juvenil y soleado.

La Madrague y los años dorados

Brigitte Bardot conocía Saint-Tropez desde niña, porque sus padres tenían aquí una casa de vacaciones (La Saravia). Pero el vínculo definitivo llega en 1958:

  • Visita una casa en primera línea de mar, cerca de la playa de Canebiers: La Madrague.
  • Se enamora al instante y la compra.

En los años siguientes:

  • La Madrague se convierte en escenario de fiestas legendarias.
  • Pasan por allí Alain Delon, Sacha Distel, Jean-Paul Belmondo y otros.
  • El millonario Gunter Sachs le declara su amor sobrevolando la casa en helicóptero y rociando el jardín con pétalos de rosa.

Estas imágenes dan la vuelta al mundo y consolidan la asociación automática: Bardot = Saint-Tropez.

En paralelo, Bardot rueda aquí otros largometrajes, inspira canciones (como el tema “Saint Tropez” que ella misma grabará en los 70) y aparece sin cesar en portadas fotografiada en las calas, en La Ponche o en las barcas del puerto.

Retiro y activismo

A mediados de los años 70, Bardot se retira del cine para dedicarse por completo a la defensa de los animales:

  • En 1977 viaja a las banquisas canadienses para denunciar la caza de crías de foca.
  • En 1986 crea la Fondation Brigitte Bardot, a la que cede La Madrague para garantizar su financiación.
  • Desde Saint-Tropez sigue lanzando campañas y presionando a instituciones francesas y europeas.

Aunque su figura es polémica por sus opiniones políticas, sigue siendo la musa eterna de Saint-Tropez, hasta el punto de que la localidad le ha dedicado una estatua y un espacio en el Musée de la Gendarmerie et du Cinéma.

Descubre Saint-Tropez hoy: qué ver y qué hacer

Una vez entendido cómo llegó aquí la fama, toca descubrir Saint-Tropez con calma, a pie y sin prisa. El pueblo es pequeño y casi todo se recorre andando.

El Vieux Port: ver y ser visto

El Vieux Port es el corazón del pueblo:

  • En el muelle se mezclan veleros clásicos, pesqueros y megayates con helipuerto.
  • Las fachadas pastel con contraventanas verdes o azules se reflejan en el agua.
  • Cafés y brasseries con terrazas —como el legendario Sénéquier con sus sillas y toldos rojos— bordean el paseo.

Desde aquí puedes:

  • Pasear por el Quai Suffren, donde se alza la estatua del vicealmirante Pierre-André de Suffren de Saint-Tropez, héroe de las guerras del siglo XVIII.
  • Ver el pequeño puerto pesquero todavía en uso, donde por la mañana algunos pescadores venden directamente sus capturas.
  • Embarcarte en excursiones en barco por el golfo de Saint-Tropez o en navettes que cruzan hasta Sainte-Maxime.

La Ponche y las calas escondidas

El barrio de La Ponche es el antiguo barrio de pescadores y una de las zonas con más encanto:

  • Calles estrechas y empedradas que huelen a buganvilla y albahaca.
  • Casas ocre y rosadas con contraventanas de madera.
  • Pequeñas plazas como la Place de l’Ormeau donde parece detenerse el tiempo.

A pie de barrio aparecen varias pequeñas playas urbanas:

  • Plage de la Glaye – minúscula, encajada entre casas y murallas, muy fotogénica.
  • Plage de la Ponche – ligada al rodaje de “Y Dios creó a la mujer”.
  • Plage de la Fontanette – otra calita tranquila con barcas varadas.

Fuera de temporada alta, muchas de estas calas pueden ser casi privadas.

La Citadelle y el Museo de la Marina

Dominando el pueblo por el este se alza la Citadelle de Saint-Tropez, una fortaleza del siglo XVII:

  • Se accede a pie desde el centro, subiendo por la Rue de la Citadelle en unos 15–20 minutos.
  • Desde sus murallas se obtienen vistas panorámicas del golfo, del casco antiguo y de las colinas del Massif des Maures.

En su interior se encuentra el Musée d’Histoire Maritime, que recorre:

  • La tradición marinera y pesquera de Saint-Tropez.
  • Las rutas de comercio que unían el puerto con el Mediterráneo y más allá.
  • La vida cotidiana de marinos y pescadores.
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La iglesia de Notre-Dame-de-l’Assomption

La Église Notre-Dame-de-l’Assomption es inconfundible:

  • Campanario bicolor (amarillo y ocre) que domina el skyline de Saint-Tropez.
  • Estilo barroco italiano del siglo XVIII.
  • En su interior se guardan las reliquias de san Torpes, patrón del pueblo.

La silueta de esta iglesia, vista desde el puerto o desde la citadela, es una de las imágenes icónicas de Saint-Tropez.

Place des Lices: mercado provenzal y petanca

La Place des Lices es una gran plaza arbolada, a pocos minutos del puerto:

  • Sombra de enormes plátanos.
  • Bancos, cafés y un ambiente muy de pueblo.
  • Campos improvisados de pétanque, donde locales y visitantes juegan al final del día.

Dos veces por semana (martes y sábado por la mañana) la plaza se transforma con el mercado provenzal:

  • Puestos de frutas y verduras, quesos, aceite de oliva y tapenade.
  • Ropa ligera, sombreros, cestas de mimbre y pareos.
  • Cerámica de Provenza, jabones de Marsella y productos artesanales.

Si quieres descubrir Saint-Tropez auténtico, llegar pronto al mercado, tomar un café y observar la vida local es casi obligatorio.

Museos y cultura: mucho más que playa

Saint-Tropez presume del sello de “Ville d’Art et d’Histoire” y ofrece varios museos interesantes:

  • Musée de l’Annonciade
    • En el antiguo oratorio de los Penitentes Blancos.
    • Colección de Signac, Matisse, Bonnard, Derain…
    • Ideal para entender cómo la luz de Saint-Tropez inspiró a la vanguardia pictórica.
  • Musée de la Gendarmerie et du Cinéma
    • Instalado en la antigua gendarmería, famosa por las películas de Louis de Funès (Le Gendarme de Saint-Tropez).
    • Repasa la relación del pueblo con el cine, desde Bardot a los rodajes más recientes.
  • Musée de l’Histoire Maritime (en la Citadelle)
    • Recorre siglos de historia naval y comercial del puerto.

Además, hay galerías de arte contemporáneo repartidas por el casco antiguo y un programa de eventos que incluye:

  • Regatas como Les Voiles de Saint-Tropez o la Rolex Cup.
  • Conciertos de jazz y música clásica.
  • Fiestas tradicionales como Les Bravades (16–18 de mayo).

Las playas de Saint-Tropez y alrededores

Si vas a descubrir Saint-Tropez en verano, es imposible no hablar de sus playas. La mayoría de las grandes extensiones de arena no están en el propio casco urbano, sino en el entorno de la baie de Pampelonne y la península.

Pampelonne: la leyenda de la Côte d’Azur

La plage de Pampelonne se sitúa técnicamente en el término vecino de Ramatuelle, pero su nombre está unido para siempre a Saint-Tropez:

  • Más de 4,5 km de arena clara.
  • Agua turquesa y limpia con pendiente suave.
  • Zona relativamente poco urbanizada, protegida por dunas y viñedos.

A lo largo de la bahía se alternan:

  • Tramos de playa pública.
  • Clubs privados icónicos: Club 55, Bagatelle, Byblos Beach, entre otros.

Aquí puedes:

  • Tomar el sol en zonas públicas (más tranquilas hacia los extremos).
  • Alquilar hamacas en un beach club y alargar la jornada con un almuerzo largo.
  • Practicar deportes náuticos (paddle surf, vela ligera, motos de agua, esquí acuático).

En los años 60 y 70, algunas zonas de Pampelonne y Tahiti Beach se hicieron famosas por el topless e incluso el naturismo, ligado al espíritu liberado de la época Bardot. Hoy, el estilo es algo más discreto, pero sigue habiendo playas donde el topless está muy extendido.

Otras playas y calas recomendadas

Además de Pampelonne, al descubrir Saint-Tropez puedes explorar:

  • Plage des Salins
    • Amplia, menos saturada que Pampelonne.
    • Entorno natural con pinos y un aire más familiar.
  • Plage des Canoubiers / des Canebiers
    • Muy vinculada a La Madrague de Bardot.
    • Ambiente local y menos ostentoso.
  • Plage de l’Escalet (en Ramatuelle)
    • Agua cristalina, rocas y calas pequeñas, ideal para snorkel.
    • Punto de inicio de senderos costeros hacia Cap Taillat, una joya natural.
  • Graniers
    • Pequeña cala cercana a la Citadelle, accesible a pie.
    • Perfecta para una escapada rápida desde el pueblo.

Gastronomía: del mercado a la Tarte Tropézienne

Descubrir Saint-Tropez también es comer. La cocina local combina tradición provenzal, producto del mar y un toque inevitable de sofisticación.

Sabores del Mediterráneo

Entre los platos y productos que encontrarás:

  • Bouillabaisse: sopa de pescado típica de la costa provenzal.
  • Pissaladière: especie de coca de cebolla confitada, anchoas y aceitunas.
  • Tapenade: pasta de aceitunas negras o verdes con alcaparras.
  • Anchoïade: salsa de anchoas, aceite y ajo, servida con crudités.
  • Pescados del día a la parrilla (dorada, lubina, rouget…).

Muchos restaurantes del puerto y del casco antiguo ofrecen menús de base local, mientras que los grandes hoteles y beach clubs despliegan cartas más internacionales y gastronómicas. Saint-Tropez cuenta, además, con restaurantes de alta cocina y mesas distinguidas por la Guía Michelin en su entorno.

La Tarte Tropézienne: el dulce más famoso

Ningún viaje está completo sin probar la Tarte Tropézienne, quizá el icono gastronómico del pueblo:

  • Creada en los años 50 por el pastelero polaco Alexandre Micka.
  • Consiste en una brioche rellena de una crema mixta (pastelera y mantequilla) aromatizada, espolvoreada con azúcar granulada.
  • Brigitte Bardot la probó durante el rodaje de “Y Dios creó a la mujer” y la bautizó con el nombre por el que hoy la conocemos.

Encontrarás boutiques de La Tarte Tropézienne tanto en el centro como en el puerto. Ideal como desayuno, merienda o regalo para llevar.

El lado exclusivo: hoteles, clubs y jet set

La imagen más difundida de Saint-Tropez es la de destino de multimillonarios y celebrities. Y algo de verdad hay.

Hoteles míticos y villas discretas

Entre los establecimientos más célebres:

  • Hôtel Byblos (y su club Les Caves du Roy)
    • Inaugurado en 1967 con Bardot y Gunter Sachs como padrinos.
    • Arquitectura inspirada en un pueblo mediterráneo, arte y vida nocturna de alto nivel.
  • Château de la Messardière
    • Hotel-palacio en lo alto de una colina, con vistas también hacia Pampelonne.
    • Muy apreciado por quienes buscan lujo y discreción.
  • Refugios más íntimos como Lou Pinet, que reivindican una elegancia tranquila, jardines mediterráneos y piscinas rodeadas de pinos.

Fuera del centro, numerosos empresarios y artistas han comprado villas escondidas entre pinos y viñedos, disfrutando de lo que, paradójicamente, se valora más en un lugar tan expuesto: la privacidad.

Noche tropeziana: del puerto a Pampelonne

Si tu objetivo al descubrir Saint-Tropez incluye vivir su vida nocturna, opciones no faltan:

  • Bares y clubs en el puerto, como el citado Les Caves du Roy, escenario de fiestas legendarias.
  • Beach clubs que se transforman al caer el sol en lugares de cócteles y DJs.
  • Restaurantes que alargan la cena hasta convertirse en pequeñas pistas de baile.

Los precios son, como es lógico, elevados, y en temporada alta (julio y agosto) se requiere reservar con mucha antelación prácticamente para todo.

Entorno y excursiones desde Saint-Tropez

Una de las ventajas de usar Saint-Tropez como base es su entorno inmediato, salpicado de pueblos medievales y colinas cubiertas de viñedos y maquis.

Ramatuelle

Situado sobre una colina detrás de Pampelonne, Ramatuelle es un pueblo circular que parece abrazarse a la montaña:

  • Calles en espiral, pensadas en su origen para defenderse de ataques piratas.
  • Casas de piedra, gatos al sol y vistas espectaculares sobre los viñedos y el mar.
  • En verano, acoge un festival de jazz muy reputado.
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Grimaud y el golfo

Grimaud se encuentra al fondo del golfo:

  • Dominado por un castillo medieval en ruinas.
  • Calles empedradas floridas y plazas con fuentes.
  • Vistas preciosas hacia el agua y el Massif des Maures.

Cerca se desarrolló en el siglo XX Port Grimaud, marina-residencia de estilo neoveneciano, diseñada para vivir literalmente sobre el agua.

La Garde-Freinet y Le Plan-de-la-Tour

En el interior, ascendiendo hacia el Massif des Maures, se hallan:

  • La Garde-Freinet, antiguo bastión vinculado a la época de Fraxinet, hoy tranquilo pueblo rodeado de bosques de castaños y alcornoques.
  • Le Plan-de-la-Tour, otro rincón rural que conserva el aire de la Provenza de interior, con masías, viñedos y caminos de tierra.

Estos pueblos son perfectos para una excursión de medio día, combinando ruta panorámica en coche, paseo y almuerzo en alguna terraza bajo los plátanos.

Clima: cuándo es mejor descubrir Saint-Tropez

Saint-Tropez tiene clima mediterráneo de veranos calurosos:

  • Temperatura media máxima anual: ~18,8 ºC.
  • Veranos (julio-agosto): máximas medias alrededor de 27 ºC, cielo casi siempre despejado.
  • Inviernos suaves, con máximas de 12–13 ºC y mínimas raramente por debajo de 5–6 ºC.
  • Precipitaciones concentradas en otoño y, en menor medida, invierno.

La mejor época para descubrir Saint-Tropez depende de lo que busques:

  • Junio y septiembre:
    • Tiempo excelente para playa.
    • Muchos servicios abiertos, pero menos aglomeraciones y precios algo más razonables.
  • Julio y agosto:
    • Máxima animación, fiestas, celebrities, regatas.
    • También máximas colas, tráfico y tarifas.
  • Primavera (abril-mayo) y otoño (octubre):
    • Ideales para caminar, visitar pueblos y disfrutar del paisaje sin agobios.
    • Algunas playas y clubs reducen servicios, pero el pueblo mantiene vida.
  • Invierno:
    • Saint-Tropez se vuelve casi un pueblo más de la costa provenzal, con vida local, mercado, alguna celebración navideña y paseos tranquilos por el puerto.

Consejos prácticos para tu visita

  • Acceso:
    • Aeropuertos cercanos: Toulon-Hyères (el más próximo), Niza y Marsella.
    • Desde Niza o Marsella puedes llegar en coche, bus o incluso barco en temporada.
  • Tráfico:
    • En verano, los accesos por carretera al golfo de Saint-Tropez se saturan.
    • Plantéate llegar temprano, usar aparcamientos disuasorios o, mejor aún, el barco desde Sainte-Maxime o ciudades cercanas.
  • A pie:
    • El casco antiguo se recorre completamente andando; lleva calzado cómodo para las cuestas hacia la Citadelle y las caminatas costeras.
  • Reservas:
    • Hoteles, restaurantes populares y beach clubs deben reservarse con bastante antelación entre julio y agosto.
  • Presupuesto:
    • Saint-Tropez es uno de los destinos más caros de Francia, especialmente en restauración y alojamiento de gama alta.
    • Aun así, siempre puedes equilibrar gastos comprando en el mercado, comiendo algún picnic y priorizando experiencias gratuitas (paseos, miradores, playas públicas).

Por qué merece la pena descubrir Saint-Tropez

Descubrir Saint-Tropez es entender cómo un sencillo pueblo pesquero acabó convertido en un símbolo mundial de glamour sin perder del todo su alma mediterránea.

Aquí se cruzan:

  • La leyenda de san Torpes y las Bravades.
  • La memoria marinera de siglos de navegación y pesca.
  • La revolución pictórica que trajeron Signac y Matisse.
  • El impacto del Desembarco de Provenza en la Segunda Guerra Mundial.
  • Y, por supuesto, la huella indeleble de Brigitte Bardot, que transformó Saint-Tropez en escenario de libertad, juventud y sol.

Aun con sus excesos, sus precios y su lado de escaparate, Saint-Tropez sigue ofreciendo algo que no se compra: la sensación de estar en un lugar único, donde el Mediterráneo, los colores de Provenza y un siglo de historia cultural se combinan en apenas unas calles.

Si te atrae la mezcla de arte, mar, fiesta, tradición y paisajes luminosos, descubre Saint-Tropez por ti mismo: pasea de madrugada por el puerto, piérdete por La Ponche, sube a la Citadelle al atardecer, prueba una Tarte Tropézienne y mira cómo se encienden las luces sobre los mástiles. Entenderás por qué este pequeño rincón de la Costa Azul se convirtió en mito.

Preguntas frecuentes sobre Saint-Tropez

¿Por qué es tan famoso Saint-Tropez?

Saint-Tropez se hizo famoso internacionalmente a partir de los años 50 y 60 por varios motivos combinados:

  • El rodaje de la película “Et Dieu… créa la femme” con Brigitte Bardot, que mostró al mundo sus playas y su ambiente desenfadado.
  • La llegada sucesiva de artistas, escritores y más tarde rockstars, aristócratas y millonarios.
  • Su puerto lleno de yates, sus clubs de playa y su vida nocturna glamourosa.

A esto se añade un entorno natural privilegiado y un casco antiguo muy fotogénico. Todo ello convirtió al pueblo en sinónimo de verano chic en la Costa Azul.

¿Quién hizo famoso Saint-Tropez realmente?

La persona que más contribuyó a la fama mundial de Saint-Tropez fue Brigitte Bardot. Su papel en “Y Dios creó a la mujer”, su vida en La Madrague, sus fiestas y su estilo de vida libre asociaron de forma inseparable su imagen a la del pueblo. Muchos dicen que “Dios creó a la mujer, pero Bardot creó Saint-Tropez”.

¿Es Saint-Tropez solo para ricos?

No. Aunque es un destino caro y repleto de lujo, es posible disfrutarlo con presupuestos más ajustados si:

  • Viajas fuera de la temporada más alta (junio, septiembre u otoño).
  • Te alojas en pueblos cercanos algo más económicos.
  • Priorizas actividades gratuitas (playas públicas, paseos, miradores, mercado).

Tomar algo en el puerto o en un beach club será caro, pero puedes equilibrarlo con comidas sencillas, picnics y pequeños establecimientos más modestos en calles menos turísticas.

¿Cuál es la mejor época para descubrir Saint-Tropez?

Depende de lo que busques:

  • Mayo, junio y septiembre: mejor equilibrio entre buen tiempo, servicios abiertos y menor masificación.
  • Julio y agosto: ideales si quieres ambiente máximo, fiestas y ver el desfile de yates y celebrities (a cambio de colas y precios altos).
  • Primavera temprana y otoño: perfectos para senderismo, excursiones y descubrir el lado más tranquilo y local del pueblo.

¿Qué no me puedo perder en Saint-Tropez en una primera visita?

En una primera toma de contacto, te recomendaría:

  1. Paseo por el Vieux Port y café en Sénéquier.
  2. Recorrer La Ponche y sus pequeñas playas.
  3. Subir a la Citadelle para disfrutar de las vistas y visitar el Museo Marítimo.
  4. Ver la iglesia de Notre-Dame-de-l’Assomption y su campanario.
  5. Visitar el mercado de Place des Lices (si coincide con tu día).
  6. Dedicar al menos medio día a Pampelonne u otra playa de la península.
  7. Probar una Tarte Tropézienne y algún plato provenzal.

Con eso tendrás una visión bastante completa y empezarás a entender por qué tantos viajeros sueñan con descubrir Saint-Tropez al menos una vez en la vida.

 

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Luisa

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