TURISMO en el EVEREST - La tontería humana
El turismo en el Everest se ha convertido en uno de los ejemplos más grotescos de cómo la obsesión por “tachar una casilla” en la lista de deseos puede destruir, lenta pero claramente, el lugar que se pretende admirar. El techo del mundo, antaño símbolo de exploración y sacrificio extremo, es hoy un parque temático de lujo, una autopista de selfies y, literalmente, un vertedero helado de basura y excrementos humanos.

Lejos de la épica romántica, el turismo en el Everest resume varias características de la tontería humana contemporánea: masificación en un ecosistema frágil, compra de “hazañas” con dinero en lugar de experiencia, desprecio por los residuos propios y fe ciega en que la montaña aguantará lo que sea. Pero los datos demuestran lo contrario.
1. De hazaña extrema a producto masivo
Durante décadas, el Everest fue un territorio reservado a expediciones pequeñas, muy técnicas y con una probabilidad de éxito baja y mortalidad alta. Desde la primera ascensión de Hillary y Tenzing en 1953, la cima era más un mito que un destino turístico.
Hoy, el panorama es radicalmente distinto:
- Más de 8.900 personas han alcanzado la cima desde el lado nepalí desde 1953.(
- En 2019 se rozaron las 878 cumbres en una sola temporada, un récord histórico.
- Cada año entre 800 y 1.200 personas intentan escalar la montaña, con 600–780 cumbres en una temporada estándar.
- El Parque Nacional de Sagarmatha, donde se ubica el Everest, recibe ya más de 80.000–100.000 visitantes al año, entre trekking al campo base y expediciones a la cima.
La combinación de expediciones comerciales “llave en mano” y la cultura del logro instagramable ha convertido el turismo en el Everest en un negocio de volumen. Si tienes entre 50.000 y 100.000 euros, buena salud aceptable y tolerancia al riesgo, hay una agencia dispuesta a llevarte a 8.848 metros, experiencia técnica aparte.
El resultado es evidente: cuellos de botella humanos en la “zona de la muerte”, colas de dos horas al pie del Escalón Hillary y montañistas inexpertos dependiendo por completo de sherpas y oxígeno suplementario.
2. El precio de jugar al héroe: cuánto cuesta “comprar” la cima
Escalar el Everest ya no es, principalmente, un desafío deportivo, sino un producto de lujo extremo. Según estimaciones recientes para 2025, el coste mínimo para ascender por Nepal ronda los 70.000 euros, incluyendo permisos, guías, oxígeno, equipo y logística.
A ello se suma:
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- Primavera (abril–mayo): 15.000 USD a partir de septiembre de 2025 (antes 11.000).
- Otoño: 7.500 USD.
- Invierno y monzón: 3.750 USD.
- Expresos recargos de agencias de expedición, que organizan guías, porteadores, cocina, comunicaciones y oxígeno.
- Seguros médicos y de rescate, cada vez más caros debido al incremento de accidentes y rescates complejos.

Este encarecimiento tiene una doble cara:
- Para Nepal, es una fuente de ingresos vital y una herramienta que ahora intenta usarse para disuadir a parte de la demanda y financiar medidas ambientales y de seguridad.
- Para los turistas, paradójicamente, refuerza la percepción de “exclusividad” y estatus social asociado a haber estado “en el techo del mundo”. Cuanto más caro, más deseable.
La tontería humana aquí no es solo pagar cifras astronómicas por una hazaña profundamente guiada y externalizada, sino creer que el dinero compensa la falta de experiencia en un entorno donde el error se paga con la vida… y con el deterioro del entorno.
3. Masificación extrema: atascos en la “zona de la muerte”
La imagen de una “cola” de montañistas, uno tras otro, avanzando lentamente sobre una arista cercana a la cumbre a más de 8.500 metros, se ha convertido en el símbolo de la masificación del Everest. No es una metáfora, es una foto recurrente, año tras año.
¿Qué significa masificación a esa altura?
- Ventanas de buen tiempo muy cortas: en primavera, solo hay unos pocos días en los que el viento y la temperatura permiten un intento seguro de cumbre.
- Decenas de expediciones apuntando al mismo día u horas: para “asegurar” el éxito a sus clientes, muchas agencias lanzan el ataque a cumbre en esas mismas ventanas.
- Colas en puntos críticos:
- Cascada de hielo del Khumbu.
- Tramo final hacia el Collado Sur (Campo 4).
- Escalón Hillary y cresta final.
En mayo de 2012, un solo día se saldó con 234 cumbres y al menos cuatro muertos, buena parte de ellos atrapados en embotellamientos que les obligaron a esperar horas, congelándose, en un entorno ya de por sí letal.(National Geographic España)

A 8.000 metros:
- El oxígeno es insuficiente para la vida humana prolongada sin apoyo.
- Cada minuto extra se traduce en mayor riesgo de edema cerebral o pulmonar, alucinaciones y fallo multiorgánico.
- Un tapón humano convierte la ruta en una trampa: si alguien cae, arrastra a la cuerda a decenas; si alguien se bloquea, congela toda la línea.
La propia prensa internacional ha señalado que, en el Everest, el mayor peligro para muchos escaladores ya no es la montaña, sino la cantidad de gente que intenta subir al mismo tiempo.
4. Impacto ambiental: el Everest como vertedero congelado
Si hubiera que elegir una sola palabra para describir el impacto del turismo en el Everest, sería basura. Toneladas de basura. Visible, congelada y, durante décadas, ignorada.
4.1. Toneladas de residuos sólidos
Los datos son contundentes:
- Se calculan alrededor de 200 toneladas de basura al año generadas por los visitantes del Parque Nacional de Sagarmatha, buena parte asociada al turismo en el Everest.
- Cada escalador deja de media unos 8 kg de residuos en la montaña: envoltorios, latas, tanques de oxígeno, restos de tiendas, cuerdas, baterías y más.
- En la primavera de 2024, las autoridades retiraron casi 100 toneladas de basura acumulada solo en el Everest.
Y esto son solo los residuos visibles y accesibles. Cada año, nuevas capas de nieve entierran viejas capas de plástico, metal y textiles, creando un estrato artificial en el glaciar.

4.2. La crisis de los excrementos humanos
El lado más grotesco —y menos “épico”— del turismo en el Everest son los desechos biológicos:
- Se estima que en la montaña se han acumulado más de 12.000 kg de excrementos humanos que no se degradan debido a las temperaturas extremas.
- Entre el Campo Base y el Campo 4 puede haber alrededor de 3 toneladas de heces, la mitad concentrada en el Collado Sur, descrito ya por guías como “un baño al aire libre”.
- Cada escalador produce unos 250 g de excrementos diarios; durante dos semanas en altura, suman varios kilos por persona que, salvo ahora, casi nunca se bajaban.
La orina tampoco es un detalle menor:
- Unas 2.000 personas se concentran en temporada alta en el Campo Base.
- Cada una genera unos 2 litros de orina al día.
- Resultado: 4.000 litros diarios de orina vertidos sobre el glaciar Khumbu, que alimenta ríos clave para comunidades locales.
Ante este desastre, las autoridades locales han dado un paso inédito:
- Desde 2024, es obligatorio que los montañistas lleven sus excrementos de regreso al Campo Base en bolsas especiales que serán revisadas a su vuelta.
- Se han encargado unas 8.000 bolsas con agentes químicos que solidifican y desodorizan los desechos.
- La normativa se aplica en el Everest y el Lhotse, con intención de extenderla a otras montañas.
La nueva regla es, literalmente, esta: si quieres tu foto en la cima, te llevas tu propia mierda contigo de vuelta. Una medida lógica, aunque sea también un retrato brutal de lo que se ha permitido durante años.
5. Cambio climático: la montaña que se derrite y devuelve cadáveres
El turismo en el Everest no solo destruye por saturación y residuos. El cambio climático está transformando rápidamente la montaña:
- El calentamiento global está derritiendo glaciares y permafrost, volviendo más inestables rutas, seracs y cascadas de hielo como la del Khumbu.
- Cadáveres de alpinistas que quedaron atrapados hace décadas están emergiendo del hielo, junto con antiguos restos de campamentos.
- Estudios han detectado microplásticos en la nieve y el agua del Everest, confirmando que la contaminación humana ya está integrada en el ciclo hidrológico de la montaña.
La combinación de más turistas, más basura, más infraestructura y una montaña físicamente más inestable es explosiva. Y, de nuevo, el motor de fondo es el mismo: la insistencia humana en seguir multiplicando la presión sobre un ecosistema que ya muestra claramente que no puede sostenerla.
6. Seguridad, accidentes y rescates imposibles
La temporada de otoño de 2025 dejó una imagen contundente: casi mil escaladores quedaron atrapados en la vertiente tibetana del Everest tras una tormenta de nieve repentina que derrumbó tiendas y bloqueó rutas.
- Unas 350 personas fueron evacuadas a un pueblo cercano.
- El resto permaneció varado en zonas de gran altitud, sin posibilidad de rescate aéreo por el viento y la escasa visibilidad.
- Mientras tanto, las autoridades se vieron obligadas a cerrar de golpe la zona turística.
Este episodio no es casual:
- Desde 1953, al menos 345 personas han muerto intentando escalar el Everest.
- En 2023 se registraron 12 muertos y 5 desaparecidos, en parte debido a la masificación y la presencia de personas con muy poca experiencia en alta montaña.
- Colas en la “zona de la muerte” aumentan el riesgo de edemas, congelaciones y errores por agotamiento extremo.

A esto se suma el peso desigual del riesgo:
- Sherpas y guías locales asumen la mayor parte de la exposición, instalando cuerdas fijas, atravesando primero la cascada del Khumbu y transportando cargas pesadas.
- Muchos turistas dependen casi por completo de ellos, a veces con habilidades mínimas para gestionar un imprevisto cuando están solos en altura.
La tontería humana, una vez más, se manifiesta en creer que un ambiente intrínsecamente letal se puede “domesticar” hasta el punto de ser casi un producto seguro, si se paga lo suficiente. El Everest se encarga de recordar periódicamente que no es así.
7. Respuesta de Nepal: restricciones, tarifas y residuos obligatorios
El Gobierno de Nepal ha pasado de la euforia por el crecimiento del turismo en el Everest a una fase de tímida pero creciente contención. El discurso oficial hoy es claro: “tenemos el deber de proteger el Himalaya del cambio climático y de la masificación”.
Entre las medidas más relevantes:
7.1. Aumento de tarifas y reducción de la validez del permiso
- El permiso pasa a costar 15.000 USD en primavera desde 2025, con una reducción de su validez de 75 a 55 días.
- Se busca:
- Reducir el número de expediciones simultáneas.
- Financiar campañas de limpieza y regulación ambiental.
- Desincentivar parte del turismo más especulativo.
7.2. Requisitos de experiencia previa
Un cambio clave en la cultura del turismo en el Everest es el requisito de experiencia mínima:
- A partir de 2025, todo escalador que quiera un permiso para el Everest deberá demostrar haber coronado previamente una cima de al menos 7.000 metros en Nepal.
- Se prohíben las expediciones en solitario.
- Los líderes de expedición y guías deben ser ciudadanos nepaleses experimentados en la región del Everest.
- Se exige certificado médico reciente y cumplimiento de normativas de gestión de residuos.

Esta reforma pretende frenar el perfil de turista sin experiencia que llega a la montaña pensando que un guía y oxígeno ilimitado transforman cualquier cuerpo en himalayista.
7.3. Depósitos y bolsas de residuos obligatorias
Para intentar que cada expedición se responsabilice de su impacto:
- Se exige un depósito reembolsable de 4.000 USD por escalador, recuperable solo si bajan con, al menos, 8 kg de basura.
- Es obligatorio llevar bolsas biodegradables para desechos humanos; su revisión es parte del control de regreso en el Campo Base.
Estas medidas no son perfectas ni siempre se aplican al 100 %, pero marcan un cambio de paradigma: el Everest no puede seguir siendo el basurero más alto del mundo sin que eso destruya su propio atractivo turístico.
8. Tecnología contra la basura: drones, “cleantech” y proyectos pioneros
Frente a la pasividad de años anteriores, en los últimos tiempos han surgido proyectos que combinan tecnología y logística para mitigar el daño causado por el turismo en el Everest.
8.1. Drones recolectores de basura
La empresa nepalí Airlift Ventures ha introducido drones de alta capacidad para transportar residuos:
- Pueden llevar hasta 15 kg por vuelo.
- Operan hasta -20 °C y aguantan vientos de unos 40 km/h.
- Han conseguido retirar unos 300 kg de basura en una temporada, reduciendo en un 70 % la carga que antes se bajaba exclusivamente a pie.

Sus limitaciones:
- No pueden operar con seguridad en las zonas más altas, donde el aire es demasiado fino y el viento demasiado impredecible.
- Funcionan mejor entre el Campo Base y campamentos intermedios.
Aun así, son un primer paso para reducir la carga física y el riesgo de los sherpas que, durante décadas, han descendido toneladas de basura sobre sus espaldas.
8.2. The NeverRest Project y el “Everest Sustainable Base Camp”
El proyecto The NeverRest Project propone un enfoque integral para transformar el Campo Base en un modelo de sostenibilidad:
Entre sus soluciones:
- Nourea, un urinario portátil con filtro que puede transformar orina en agua en unos 20 minutos, reduciendo hasta un 42 % los residuos líquidos humanos.
- Sanitarios que incineran excrementos a alta temperatura, convirtiéndolos en una pequeña cantidad de ceniza (el uso de cuatro personas durante una semana produce el equivalente a una taza).
- Un glaciar artificial (Ice Spring) capaz de proporcionar unos 750.000 litros de agua potable al Campo Base durante una temporada, evitando tener que extraer continuamente hielo del glaciar Khumbu.
- Tiendas conectadas y solares, con sistemas modulares de calefacción que reducen el consumo de gas y queroseno y mejoran la eficiencia energética del campamento.
Más allá de la ingeniería, el proyecto hace hincapié en algo clave: la responsabilidad individual y colectiva. La tecnología puede ayudar a reducir el daño, pero si el modelo de turismo en el Everest sigue basado en la masificación y la banalización de la montaña, cualquier mejora será un parche.
9. ¿Por qué insistimos? Psicología y ego en el turismo del Everest
Llegados a este punto, la pregunta es obvia: con tanta evidencia de impacto ambiental, riesgo y masificación, ¿por qué el turismo en el Everest no solo no disminuye, sino que apunta a seguir creciendo?
Algunas razones:
- Ego y estatus social
- En una sociedad obsesionada con el logro visible, poder decir “he subido al Everest” funciona como una medalla instantánea.
- Las redes sociales amplifican esto: una sola foto con la bandera en la cima vale, para muchos, más que comprender la montaña o respetarla.
- Narrativa de “superación personal exprés”
- El mercado vende el paquete como una historia de transformación: “si puedes subir al Everest, puedes con todo”.
- La realidad es mucho más prosaica: mucha gente llega muy guiada, muy dopada de oxígeno y muy dependiente de otros.
- Fe excesiva en la tecnología y en el dinero
- Se tiende a pensar que con mejor equipo, mejores guías y más dinero se puede neutralizar cualquier riesgo.
- Esto choca con la física: a -30 °C, con vientos de 60 km/h y un tercio del oxígeno disponible, no hay tarjeta de crédito que sirva.
- Desvinculación moral del impacto ambiental
- Para muchos, la basura y los residuos son “problemas de otros”: del gobierno nepalí, de las ONGs, de los sherpas.
- Mientras alguien recoja después, la experiencia personal se percibe “limpia”.
La tontería humana, en el contexto del turismo en el Everest, es doble: destruir lo que uno presume admirar, y seguir considerándolo una hazaña noble sin hacer el mínimo examen de conciencia sobre el precio ambiental y humano pagado por otros.
10. ¿Tiene sentido seguir subiendo? Hacia un turismo de montaña responsable
Poner en cuestión el turismo en el Everest no implica demonizar toda actividad de alta montaña, sino plantear límites claros y modelos diferentes.
Algunas líneas de cambio razonable:
- Límites estrictos de aforo por temporada y por día de cumbre, no solo por el lado nepalí, sino coordinados con el lado tibetano.
- Exigencia global de experiencia previa seria, no solo un 7.000 en Nepal, sino una trayectoria verificable en alpinismo de altura.
- Protocolos de residuos de tolerancia cero:
- Todo lo que sube, baja.
- Multas verdaderamente disuasorias para quien no cumpla.
- Diversificación del turismo de montaña en Nepal:
- Promocionar otros 97 picos abiertos gratuitamente o con tarifas reducidas para descongestionar el Everest.
- Potenciar rutas de trekking de menor impacto y mayor conexión cultural con las comunidades locales.
- Educación ambiental y ética del “no dejar rastro” como requisito para obtener un permiso, con formación previa obligatoria.
Si el turismo en el Everest no se reorienta hacia un modelo más sobrio, selectivo y respetuoso, el riesgo es doble: destruir un ecosistema único y, además, vaciar la propia experiencia de cualquier autenticidad, convirtiéndola en un simple producto de consumo destructivo.
Turismo en el Everest o la sofisticación de la estupidez
El turismo en el Everest condensa varias fallas de nuestra época:
- La creencia de que todo es consumible, incluso las montañas sagradas.
- La externalización total del riesgo y del coste ambiental en otros (sherpas, gobiernos, generaciones futuras).
- La obsesión por el símbolo (la foto en la cumbre) por encima del proceso y del respeto al lugar.
Mientras siga habiendo demanda dispuesta a pagar cualquier precio por esa foto, y mientras Nepal necesite esos ingresos, la presión continuará. Las nuevas reglas —tarifas más altas, experiencia previa obligatoria, bolsas de excrementos, drones y proyectos “cleantech”— son pasos en la dirección correcta, pero insuficientes si no se acompasan con algo más difícil: una reducción consciente de la tontería humana aplicada al turismo en el Everest.
Subir al Everest no es, en sí mismo, un crimen. Convertirlo en un circo masificado, contaminante y mortal —para las personas y para la montaña— sí lo es. La pregunta ya no es si podemos seguir subiendo, sino cómo, cuántos y a qué coste estamos dispuestos a hacerlo.
Si de verdad admiramos el Everest, la forma más adulta de demostrarlo quizá sea renunciar a tratarlo como un simple escenario para el ego individual y comenzar a exigir, y a practicar, un turismo de alta montaña que no convierta el techo del mundo en el basurero más caro del planeta. En otras palabras: que el turismo en el Everest deje de ser una exhibición de la tontería humana y pase, por fin, la prueba mínima de la dignidad.
Preguntas frecuentes sobre turismo en el Everest
1. ¿Cuánto cuesta realmente subir al Everest?
El coste total para un extranjero que quiera hacer turismo en el Everest intentando la cima suele oscilar entre 70.000 y 100.000 euros, según el nivel de servicio y la ruta. Incluye:
- Permiso oficial (15.000 USD en primavera desde 2025).
- Agencia de expedición (logística, guías, porteadores, oxígeno, comunicaciones).
- Vuelos internacionales y domésticos.
- Equipo técnico y seguros específicos de alta montaña.
2. ¿Cuántas personas suben al Everest cada año?
En una temporada media:
- Entre 800 y 1.200 personas intentan escalar el Everest.
- De ellas, suelen lograr la cumbre entre 600 y 780 montañistas, según condiciones de tiempo y congestión.
En el entorno más ancho (turismo en el Everest sin intentar cima), el Parque Nacional de Sagarmatha recibe más de 80.000–100.000 visitantes al año.
3. ¿Cuál es el principal problema ambiental del Everest?
El principal problema ambiental asociado al turismo en el Everest es la acumulación de residuos, tanto sólidos como biológicos:
- Más de 140 toneladas de basura acumuladas en la montaña, incluyendo restos plásticos, metálicos y material de expediciones.
- Más de 12.000 kg de excrementos humanos que no se degradan por el frío extremo.
- Contaminación del agua del glaciar Khumbu con orina y microplásticos.
4. ¿Qué nuevas normas ha impuesto Nepal para escalar el Everest?
Para profundizar en este tema tan fascinante y controvertido, te presentamos un video titulado "TURISMO en el EVEREST - La tontería humana", donde exploraremos las implicaciones del turismo en esta majestuosa montaña y las decisiones cuestionables que a veces toman los visitantes.

Para intentar ordenar el turismo en el Everest, Nepal ha introducido o reforzado varias normas:
- Haber coronado previamente una cima de al menos 7.000 metros en Nepal para obtener permiso.
- Prohibición de ascensiones en solitario.
- Obligatoriedad de guías y líderes de expedición nepaleses.
- Aumento del coste del permiso hasta 15.000 USD en primavera desde 2025.(
- Bolsas obligatorias para desechos humanos y mayores controles de residuos en el Campo Base.
5. ¿Por qué el Everest se considera ya “un vertedero” o “un monstruo turistificado”?
Diversos medios y organizaciones han calificado al Everest como:
- “El vertedero de basura más alto del mundo”.
- “Un monstruo turistificado”, en referencia a la saturación de sus rutas de acceso y la transformación del Campo Base en una miniciudad con todas las comodidades, desconectada del entorno natural.(
El motivo es la suma de:
- Masificación extrema.
- Acumulación masiva de residuos.
- Comercialización agresiva del ascenso como un producto de lujo, más que como una actividad alpinística responsable.
6. ¿Hay alternativas sostenibles al turismo en el Everest?
Sí. Incluso dentro de Nepal, existen múltiples alternativas:
- Más de 400 picos abiertos a expediciones, 97 de ellos con acceso gratuito o facilidades para redistribuir el turismo y aliviar la presión sobre el Everest.
- Rutas de trekking menos masificadas, con impacto mucho menor y mayor interacción con las comunidades sherpa y otras etnias del Himalaya.
- Proyectos de turismo comunitario que priorizan la conservación, la cultura local y el “no dejar rastro” por encima de la foto épica.
Un turismo en el Everest verdaderamente responsable pasa por reducir la obsesión con la cima, entender los límites ecológicos de la montaña y elegir formas de viajar que no conviertan el techo del mundo en un escaparate de nuestra incapacidad para pensar más allá del propio ego.
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